Epifanio Mejía

Epifanio Mejía 1

Yarumal, Antioquia 1838 -Medellín, 1913

 

LAS HOJAS DE MI SELVA

 

Las hojas de mi selva
Son amarillas
Y verdes y rosadas
¡Qué hojas tan lindas
Querida mía
¿Quieres que te haga un lecho
De aquellas hojas?

De bejucos y, musgos
Y batatillas
Formaremos la cuna
De nuestra Emilia:
Cunita humilde
Remecida a dos manos
Al aire libre.

De palmera en palmera
Las mirlas cantan,
Los arroyos murmuran
Entre las gramas
dulce hija mía!
Duerme siempre al concierto
De aguas y mirlas.

Gallinetas reales
De canto dulce
Guardan en la hojarasca
Huevos azules…
Perlas del bosque
Que lleva a los altares
La gente pobre.

Los altivos monarcas
En sus palacios
Con diamantes adornan
Los mismos cuadros.
Hija, !sé libre!
Busca siempre la choza
Del hombre humilde.

En mi selva penetran
Del sol los rayos,
Mariposas azules
Pasan volando;
Sobre sus alas
Brilla el blanco rocío
De la mañana.

Siete-cueros, uvitos
Y amarrabollos
De botones y flores
Visten sus copos,
De ramo en ramo
Los cupidos al aire
Vuelan libando.

Por angostos caminos
De tierra y hojas
Pasan negras hormigas
Unas tras otras,
Para sus casas
Llevan verdes hojitas
En sus espaldas.

Sobre campos de flores
Revolotean
Susurrando apacibles
Rubias abejas,
Miel exquisita
En el hueco de un árbol
Todas fabrican.

Entre dragos y dragos,
Chilcos y chilcos
Las arañas pasando
Tienden sus hilos,
Fabrican nuevas…
!Maquinistas de Europa,
Venid a verlas!

Entre cedros y robles
De verdes copas
El yarumo levanta
Las blancas hojas;
Patriarca anciano
Que en trono de esmeraldas
Vive sentado.

Adorno de los campos,
Flores humildes
Que nacéis en mi selva,
Solas y libres;
La noche os riega,
El sol os ilumina,
Nutre y calienta.

Oasis escondidos
Bajo las palmas
Olorosos jardines
De mis Montañas:
Para mi esposa,
Para mi dulce Emilia,
Tejed coronas.

En las frentes altivas
De las Cleopatras,
Resaltan sobre el oro
Las esmeraldas.
Hija sé buena!
Busca siempre las flores
Que hay en mi selva.

 

SERENATA

 

¡Dulce noche de amor, noche serena,

vuestros pálidos astros encended!

Hay dos ojos que brillan con tristeza.

¡Alumbrad! ¡alumbrad! los quiero ver.

 

Apoyada en mi brazo, amada mía,

al campo del amor vas a seguir.

¡Flores! ¡flores! guardad vuestras espinas,

y aromas en los vientos esparcid.

 

—¡Dulce noche de amor, noche serena,

vuestros pálidos astros apagad!

Hay dos ojos que brillan con terneza…

a la luz o a la sombra los sé amar.

Apoyada en tu brazo, amado mío,

al campo del amor voy a seguir.

¡Oh rosales! guardad vuestras espinas,

y aromas en los vientos esparcid.

 

 

A ANITA

 

Es la mañana luz de ventura,

el mediodía, fuego de amor;

la tarde, ocaso de la ternura,

la noche, luto del corazón.

 

Fue tu sonrisa la aurora mía,

fue tu mirada mi ardiente sol;

¡no tenga tarde nuestra alegría!

¡no tenga noche nuestra pasión!

 

Pasó la aurora con su fragancia,

el medio día con su esplendor;

llega la tarde con su tristeza,

¡la fría noche con su crespón!

 

¡No pases nunca, sonrisa mía!

¡no pases nunca, fuego de amor!

Tarde, ¡no llegues con tu agonía!

Noche, ¡no enlutes tanta ilusión!