
El beso de la aurora
Antes que sombras las traicionen
y dejen cicatrices en sus hombros
las palabras se guarecen
en el pecho vencido de un naufragio
Cantan entre los sembrados llantos
con una liviandad de infancia
que entre la yerba matutina
celebra sosiegos con rocíos
Pero entre madrugadas
un temblor de luz
al acecho de los sueños
entiniebla los besos que retozan
en los paisajes de la aurora
El silencio azul
El lomo de los Andes sobrepasa al mundo
su aire crece sobre la fatalidad de las heridas
y los pastos esmeralda entierran los afanes
En mi tierra no florecen tamarindos
sino el delirio a mar del cielo
y el ciego resplandor del sol
Pero no hay otro secreto
en ningún rastro de tierra
que el reducto de un silencio azul
donde el viento es un rumor del mar
que trae las voces de los muertos
Un rastro de sangre
Las horas murmuran sibilinas
traen una lluvia de alfileres
y pájaros heridos
que no volverán a ver las nubes
no regresarán al mar
sin un rastro de sangre
Excitada por todas sus estrellas
se revela la noche con su espejo oscuro
su exultante desnudez
deja sin caminos otras calles del deseo
A mis insomnios regresan
risas armonías amores ecos
¡Y yo con mi velero a punto de zarpar!
Despierto con la luna
Hace tiempo que huyeron
con todos sus secretos y colores
redimidas del tiempo en la memoria
-solas desteñidas mudas-
las palabras viejas
Ahora me traen su tarjeta de visita
presuntuosas ficticias zalameras
como mujeres con falsos atributos
las palabras nuevas
Lastimado por un frío deletéreo
por tanta ausencia de ternura
el poema agonizante se resiste
-aún no escribe su epitafio-
exigente se levanta a reclamar ensueños
perfumes y brocales
el claro manantial
de las palabras viejas
Esta noche llena de rincones
tal vez regresen
como golondrinas despojadas de su oscuro
abriré cancelas puertas y ventanas
prepararé café
le hablaré de ellas a la luna
con las palabras fogosas de un amante
Un rescate
La muerte rige la existencia del labio, el corazón, el sueño, y el hombre escribe por el deseo de su preterición y poder salvarlos. Se inventa un mundo que fluye inacabable para que muera más tarde su palabra. Así se autoafirma y aspira a una plenitud más absoluta, a una renovada encarnación. Cuando crea se desnuda, halla su esencia, o la rescata, y restituye la dignidad para el otro que hay en él.
*Joaquín Zapata Pinteño. Elche, Alicante, España. Marino y poeta vocacional. Hizo parte de los Talleres Poéticos dirigidos por los poetas Jaime Londoño, Jhon Galán Casanova y Alberto Rodriguez Tosca, éste último asesoró la publicación de su primer libro de poesía que recoge poemas desde 1980 hasta mediados de 2015.