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Carta abierta a quien quiera leerla "Nuestra
imaginación política, moral, económica, tiene
que estar Carlos Fuentes Nos ha correspondido vivir aquí y ahora la época quizás más dramática de la historia contemporánea de nuestro país. No digo la más violenta, porque todos sabemos que la violencia es y ha sido en Colombia la regla y no la excepción en los procesos políticos y en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Pero nunca, hasta estos años, esa violencia había sido provocada y auspiciada en su raíz por poderosísimos focos de poder corrompidos y corruptores, vinculados directamente con el hampa y la delincuencia, como ocurre hoy. Esos focos han distosionado y envilecido los naturales procesos sociales y políticos que se producen, por lo general en forma dolorosa, en países como Colombia, donde prevalecen la injusticia y las desigualdades aberrantes. Y cada día se agudizan más esas contradicciones sociales. La ausencia de un propósito político con posibilidades reales de emprender las reformas necesarias, ha llevado al enfrentamiento inevitable entre quienes defienden las estructuras sociales, políticas y económicas vigentes y quienes reclaman unos derechos que son elementales. Al lado de cada uno de ellos se han apertrechado los dos extremos, siniesros y asesinos: la extrema derecha y la extrema izquierda. La una busca mantener a sangre y fuego una organización social injusta y retardataria; la otra ha perdido toda autoridad moral e ideológica a fuerza de equivocarse tanto, para derivar en actividades propias del hampa maquillándolas de lucha revolucionaria. Tal panorama, tan esquemáticamente delineado, se enturbia aún más con la presencia y la acción, ya mencionada atrás, de la mafia del narcotráfico que no ha permanecido indiferente en este enfrentamiento. En un comienzo se alió con la extrema izquierda para obtener seguridad y protección en sus operaciones delictivas, ahora protege y financia a la extrema derecha, cuyos intereses en términos generales comparte. Ambos extremos tienen dinero en abundancia, el uno gracias a la comisión de delitos comunes como el chantaje y el secuestro, el otro gracias a su alianza con la mafia y con sectores decididos a invertir en su seguridad y en la de sus intereses; y ese dinero lo utilizan para incendiar el país y mancharlo de sangre. Sinembargo, quienes lo están haciendo configuran solo una infinita minoría dentro de la población total: en el medio estamos el resto de los colombianos que somos la gran mayoría, mal dirigidos por una clase politica desorientada, que carece de un proyecto nacional para proponernos, y por una élite económica "que sólo ve por un ojo y ese ojo lo tiene en el estómago". Esos extremos buscan involucrar a todos los colombianos en su sórdido enfrentamiento, tratando de polarizarnos hacia un lado u otro. Es por eso que hoy más que nunca nuestra organización social reclama que cada colombiano tenga, ante lo que ocurre en el país, los ojos muy abiertos. Todos los colombianos pero en especial aquellos que por razón de su trabajo deben cultivar y tener muy afinado el don de la lucidez. Me refiero a quienes tienen el oficio de pensar y de interpretar nuestra realidad: los escritores, los artistas, los teatreros, los cineastas, los músicos, los filósofos, los creadores en general. Lucidez para no caer en las trampas del dogmatismo, venga de donde viniere, para no caer en la complacencia moral y para no perder el sentido de orientación sobre lo que es esencial en nuestra sociedad para avanzar, respetando los derechos de todos y de cada uno de los colombianos. Porque nosotros, la gran mayoría, debemos también tomar partido. Y creo que no tenemos sino una sola alternativa y es la de tomar el partido de la defensa del derecho a la vida y a la justicia. Debemos rechazar de plano todo procedimiento e ideología que conduzcan a la muerte violenta e injusta de cualquiera de nuestros compatriotas, sea de derecha, de izquierda o de centro, sea delincuente o pertenezca a grupos armados legales o ilegales. Debemos rechazar también cualquier procedimiento o ideología que tienda a prolongar la actual situación política y social del país. Pero no debemos apoyar a quienes manifiestan ese rechazo por medio de la violencia y de la muerte. Porque si defendemos los derechos humanos es porque respetamos al hombre y exigimos por tanto que se respeten los derechos de todos los hombres, mujeres y niños que diariamente mueren por la violencia social y la violencia política. Negarse a la polarización no quiere decir mantenerse al margen, sino no caer en el chantaje del compromiso. Debemos actuar, pero debemos también reservarnos el derecho a reflexionar antes de hacerlo, y con ello incitar al debate y al ejercicio de la crítica acerca de lo que ocurre en el país. Y sobre todo no debemos caer en el pesimismo de que lo que hacemos cada uno de nosotros -escribiendo un verso o un artículo de periódico, montando una obra de teatro o pintando un cuadro- no sirve para que se imponga la justicia social que todos deseamos., Porque se sabe que un buen verso, un cuadro hermoso, una película bien hecha, mejoran la calidad de vida y del alma de quienes los gozan y ese solo hecho contribuye a que todos seamos mejores en el momento de actuar dentro de nuestra sociedad. Esa es la razón de ser de nuestro oficio, la que además justifica que intentemos por encima de todo ver claro y transmitir con nuestro trabajo esa visión lúcida y siempre creativa de la realidad que vivimos a quienes quieran y puedan oirnos. MARIA MERCEDES CARRANZA |
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