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La Casa de Poesía Silva ha cumplido un año y medio de actividades. Durante este periodo ha iniciado una serie de servicios que con el tiempo serán más eficaces y cubrirán intereses más amplios de la comunidad. Se ha intentado, con los diferentes ciclos, lecturas de poemas y presentaciones de libros, interesar especialmente a los sectores estudiantiles, escolares y universitarios. Así, calculamos que a estos eventos han asistido al auditorio durante ese lapso un público de 6 mil personas en total. A la biblioteca, especializada en el tema de la poesía mundial como todos los demás servicios, han acudido a hacer consultas, según nuestras estadísticas, 5.495 usuarios y de la fonoteca han hecho uso 4.839 personas. Por otra parte, los cuatro talleres de poesía que han trabajado este año en forma ininterrumplida por espacio de 8 meses, con una intensidad de 2 horas y media a la semana cada uno y de los cuales se beneficiaron ochenta talleristas, presentan un provechoso balance, como puede advertirse en las revistas que tres de ellos entregaron al culminar sus labores. Estos talleres funcionaron con absoluta independencia, ya que sus programas y criterios de trabajo fueron por entero determinados por los coordinadores respectivos y por los propios talleristas. La Casa de Poesía Silva puso, únicamente, la iniciativa, la organización, los recursos de personal y los materiales indispensables. Esta revista pretende mostrar en una mínima parte algo de ese intenso trabajo. Resultaba imposible, como hubiera sido nuestro deseo, reproducir en estas páginas todo el material que se reunió gracias a las activiades efectuadas en el auditorio, por el cual pasaron alrededor de 100 poetas y conferencistas. Se trata entonces de una selección, bastante significativa pero, lamentablemente, muy incompleta. Sin embargo, más que las estadísticas sobre el número de usuarios que ha utilizado nuestros servicios, resulta importante señalar, y es posible hacerlo gracias a la acogida asombrosa que ha tenido toda iniciativa organizada por la Casa, cómo la poesía fue, es y seguirá siendo un medio de comunicación irremplazable para el ser humano. Y cómo en estos momentos en los que el país se desangra por las múltiples contradicciones esenciales que sacuden su cuerpo social, la poesía es más necesaria que nunca, porque cuando se interrumpen el diálogo y la comunicación, se remplazan la palabras por las balas y ocurre la violencia. Y la poesía es esencialmente, y nada más, comunicación. El país hoy necesita del diálogo, es decir necesita de la poesía. No se crea, como tantos proclaman con sorna y desprecio, que la poesía elude la ralidad, que es un anestesiante o un medio de distracción de los verdaderos problemas. Nada de eso, la poesía, en un discurso diferente al discurso político, toca los problemas esenciales del hombre. Y no es necesario, como muchos con torpeza quieren exigirle, que utilice la fraseología política para que exprese el desconcierto, la rabia, el temor y la desesperanza por lo que hoy está ocurriendo en Colombia. Pero además, en momentos como éste, en el que se han degradado los valores básicos de una colectividad y especialmente el respeto a la vida y los términos elementales en medio de los cuales debe desarrollarse la convivencia dentro de una sociedad, la poesía reitera y afirma hasta desgañitarse esos valores: otra razón para usar y abusar de ella. Por éso, porque lo necesita, hoy el colombiano busca, más que nunca, la poesía. Por éso no es una contradicción que Medellín, la ciudad más violenta del mundo según estadísticas de organismos internacionales, sea por excelencia la capital de la poesía en Colombia. Y lo es sin imposturas, con avidez: hablar de poesía en Medellín es como ser Pelé jugando fútbol en un estadio lleno. Sólo que en el caso de la poesía los espectadores y los jugadores son todos muy jóvenes, ansiosos de oír la palabra que les hable del paraíso perdido de la paz, del amor, de la justicia y que les reafirme el derecho que tienen ellos. La Casa de Poesía Silva ha pretendido contribuir a que ese diálogo se produzca. Y lo seguirá haciendo. MARIA MERCEDES CARRANZA |
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