GENET,
EL DESHABITADO
"stas
in putredine totus"
"Estás
todo tu sumido en la inmundicia"
Carmina Burana
Por Celedonio Orjuela
Duarte
La traición, el robo y la homosexualidad son los temas de los
libros de Genet los mismos que han sido tratados por otros literatos
franceses en distintas épocas, desde la misma literatura paródica
de la Edad Media compuesta por los goliardos en el famoso cancionero
Carmina Burana, pasando por el gran poeta Villón, desterrado
de París, y otros que registra la historia de la literatura
francesa. Son temas aún tabú para los hacedores de historias
en lengua española y cuando se hace referencia es para rechazarla
como hábito vergonzante. Un atisbo de esas prohibiciones, la
referente a la homosexualidad, lo encontramos incluso, en uno de los
poetas españoles más burlones y desinhibidos, Francisco
de Quevedo:
Tú que caminas la
campiña rasa
Cósete el culo viandante y pasa.
En la literatura española
actual hay vestigios de ese tabú, pero también nuevas
miradas sobre, en especial, el caso del homosexualismo, única
fuente de la literatura de Genet. La obra de Luis Cernuda quien, suprime
una estrofa de su "Elegía a un poeta muerto", presionado
por el oscurantismo de la Guerra Civil Española, es un ejemplo
la poética de Cernuda es cada vez más leído y
comprendido, y en la misma España y Latinoamerica, sus libros
se exponen en retrospectivas de su vida y obra y su estética
es cada vez más estudiada. En Colombia el ya mítico
Porfirio Barba-Jacob no prohibe esos sentimientos y los deja ver en
algunos de sus poemas: (...) Que haga temblar las carnes un ansia
contenida; / y que el torso y la frente, y los brazos nervudos,/ y
el cándido mirar, y la ciega esperanza/ compendien el radiante
misterio de la vida". ("Retrato a un jovencito"). También
Raúl Gómez Jattin, poeta y director de teatro como Genet,
asume en sus obras ese sesgo, a pesar de que su biografía ha
sido escamoteada y trivializada por los medios, tal vez, por lo genuflexo
del talento colombiano.
GENET Y SU ESTANCIA POR ESTE MUNDO
Jean Genet, nació en París,
el 9 de diciembre de 1910, murió tambien en París el
15 de abril de 1986. Está enterrado en el antiguo cementerio
español de Laranche, en una bonita y austera tumba frente al
aceano Atlántico. Dice Genet de su infancia: "...pupilo
de asistencia pública, me resultó imposible conocer
más de mi estado civil. Al cumplir 21 años, conseguí
una partida de nacimiento. Mi madre se llamaba Gabrielle Genet. Mi
padre sigue siendo un desconocido. Yo había venido al mundo
en el 22 de la calle Assas. El 22 estaba ocupado por la maternidad.
Se negaron a darme información. Me criaron unos campesinos
de Morvan".
El siglo que acaba de terminar
nos deja una época de rompimientos: morales, racionales, religiosos.
La vida cotidiana la siguen registrando nuestros poetas de una manera
insólita e inesperada. Hay un vasto poder creado por el hombre
mismo que exige nuevos elementos estéticos que respondan a
sus dudas. Ese hombre de hoy que es más que nunca vigilado
por haber llegado a ser Sapiens Sapiens. De ahí que
la literatura del siglo XX, es la de la desesperanza, como lo señalara
Cioran: "Escribir es una provocación, una visión
afortunadamente falsa de la realidad que nos coloca por encima de
todo lo que existe y de lo que nos parece existir. Hacerle la competencia
a Dios, superarlo incluso mediante la sola virtud del lenguaje(...);
esa es la hazaña del escritor, espécimen ambiguo, desgarrado
y engreído que, liberado de su condición natural, se
ha abandonado a un vértigo magnífico, desconcertante
siempre, a veces odioso"
.
Ese sino trágico, el escritor contemporáneo lo enfrenta
con ironía, incluida la burla de sí mismo. La ironía
es la gran invitada y ese es el caso de Genet: sus libros son festivos,
pero no es una risa de circo, es una risa producto del conocimiento
de las bajezas del hombre de hoy. Por eso habla de sí mismo
y se burla de los actos humanos. La ironía lo convierte en
un héroe diferente, pués es él quien narra sus
propias aventuras profanas. De allí que sus narraciones estén
impregnadas de ideas críticas, de imágenes corrosivas.
Sus personajes son aventureros desamparados por los dioses, sin otra
alternativa que la de conservar la vida ante los que vigilan el poder.
Sus personajes luchan pero tienen miedo, porque ellos mismos producen
miedo, así es Stilitano en Diario del ladrón.
"Stilitano no era realmente un hombre maduro, y yo tampoco. Aunque
en realidad era un gansgster, jugaba a serlo, es decir, inventaba
sus actitudes. No conozco ningún maleante que no sea un chiquillo.
Qué mente 'seria', al pasar delante de una joyería,
de un banco, inventaría minuciosa y gravemente, los detalles
de un asalto o de un atraco. (...) Stilitano jugaba. Le gustaba saberse
fuera de la ley, sentirse en peligro. Lo afrontaba por empeño
estético. Intentaba copiar un héroe ideal, el Stilitano
cuya imagen estaba ya inscrita en un firmamento de gloria. Así
era como obedecía a las leyes que someten a los maleantes y
los perfilan. Sin ellos no hubiera sido nada".
Por eso Genet reafirma: "Abandonado por mi familia me parecía
ya natural agravar este hecho mediante mi amor por los muchachos y
por el robo, el robo mediante el crimen o la complacencia en el crimen.
De este modo rechacé deliberadamente un mundo que me había
rechazado."
Sobre el exconvicto habla así
Sartre: en San Genet, profeta o mártir: "Un niño
expósito da prueba de sus malos instintos desde su más
tierna edad, roba a los pobres campesinos que lo han adoptado. Lo
reprenden e insiste, se evade de la penitenciaría para niños
en la que han tenido que detenerlo, roba y saquea cada vez más
y, por añadidura se prostituye. Vive en la miseria, de la mendicidad,
de los hurtos, acostándose con todos y traicionado a todos,
pero nada puede desalentarlo, es el momento que elige para dedicarse
deliberadamente al mal; decide que hará lo peor en todas las
circunstancias y, como se ha dado cuenta que la mayor fechoría
no era obrar mal, sino poner de manifiesto el mal, escribe en la cárcel
obras abominables que hacen la apología del crimen y caen bajo
el peso de la ley"
.
Precisamente por eso va a salir de la abyección, de la miseria
y de la cárcel, le imprimen sus libros, se leen, un director
de escena condecorado con la Legión de Honor, monta en su teatro
una de sus obras que invita al homicidio; el presidente de la república
le condona la pena que debía cumplir por sus últimos
delitos, justamente porque se jactaba en sus libros de haberlos cometido;
y cuando le presentan una de sus antiguas víctimas, ella le
dice: 'Muy honrada señor. Sírvase usted continuar'".
Una vez conocidos sus libros en español, es celebrado por algunos
de sus colegas, especialmente Juan Goytisolo, quien en sus variadas
reflexiones en torno a nuestro poeta, escribió un excelente
ensayo titulado "Testamento poético de Jean Genet",
enfocado al analisis de su libro póstumo Un cautivo enamorado,
libro del que dice Goytisolo: "Es el libro de un hombre que se
despide del mundo después de haber vaciado de sí la
nostalgia de un orden mediocre, de la vida cómoda, del pensamiento
correcto, de su pertenencia nacional".
Bien sabemos que la buena literatura viene de esa clase de transgresores.
Si le damos una mirada al drama Griego, sus temas se centran en los
marginados anormales, porque los protagonistas de la marginación
existencial, en cuanto que al ser víctimas de la maldición
divina, no han asumido propiamente de manera voluntaria su trágico
y, por tanto, ineludible destino.
El monoteísmo cristiano sólo conoce los marginados en
el campo de la unidad de la fe. Dentro de tal comunidad, solo es concebible
la marginación intencional, los que son monstruos por sus hechos
o por sus opiniones son hombres pecadores, el mejor ejemplo es el
que todos conocemos, el que traicionó por la ridícula
suma de 30 monedas de plata; el hombre que tal vez tenía por
misión ser ejecutor del escándalo ya predicho; o también
el verdadero apóstol que se decidió a colaborar a que
se cumpliera la escritura sagrada.
Fuera del mito y el dogma, en ese proceso de secularización
que se extiende en el renacimiento y hace parte luego del orden burgués,
existe una buena cantidad de escritores desadaptados, como es el caso
de Gerard de Nerval, Holderlin, Oscar Wilde hasta llegar a las figuras
de Charles Baudelaire, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. Genet es la
continuación de ese legado en el siglo veinte.
Retomemos la historia del escritor francés. Ya hablamos de
sus experiencias adolescentes como delincuente. Estamos en la década
del 40: hay guerra en el mundo Francia es territorio central de este
conflicto. Genet escribe en una desesperada espera de su presumible
encierro definitivo, pero ya sus textos son reconocidos fuera de la
cárcel: personas como Sartre, Cocteau, Picasso, procuraron
su publicación y difusión de sus libros, y su libertad,
aunque por paradójico que parezca, la cárcel era para
él un refugio que lo defendía de la misma sociedad:
"mi prisión bienamada en tu inestable sombra"
.
Los libros de Genet, en un principio circularon casi clandestinamente,
y ello motivó que la traducción de una de sus novelas,
hecha por un editor de Hamburgo llevara a este a la cárcel.
Quienes le leen por entonces ensalzan su genio literario que posee
el condenado y luego de que este obtiene el indulto, su obra puede
ser por fin representada en los escenarios. El escritor francés
da a la imprenta nuevos libros que ya no tocan como particularmente
"peligrosos". A partir de entonces, Jean Genet es "Historia
de la literatura", posible objeto de tesis doctorales, al que
es lícito mencionar. El famoso autor necesita no caer en la
reincidencia. Por sus amigos "Las Panteras negras" viaja
a los Estados Unidos. Parece que ha cambiado su conducta sexual que
ya no hay nada de su añoranza por sus robustos chulos. Sartre
en su libro sobre Genet informa que su relación sexual con
un joven se había transformado en "amistad" el protector
había proporcionado al joven una mujer, y ahora disfrutaba
como amigo de una familia en formación.
Tampoco se puede sobrecargar la vida de este recluso
y literato con crítica social. El origen de esa vida fue una
avería. Sus delitos fueron cometidos en agudo estado de necesidad;
por un vagabundo, ladrón reincidente a quien nadie quiere dar
empleo. Sin embargo, Genet a insistido, y hay muchas cosas que lo
confirman, en sus latrocinios dio privilegio a sus asuntos estéticos.
Los libros de Genet son todo
lo contrario de una literatura de indignación. El autor no
tiene la menor intención ni de acusar ni de desenmascarar.
Un conocedor del orden burgués, no un crítico. Legítima
su estructura y su altura, basándose en las profundidades de
la jerarquía social, han querido deducir desde ahí su
"fascismo", como en cierta etapa de su vida tambien le ocurrió
a Pessoa y Pound, con desacierto, pensamos en estas lineas, que quienes
así opinan, ignoran los intersticios de su verdadera escritura
que no es más que provocación como corresponde a un
poeta. Y eso es Genet en sus novelas y textos líricos.
En uno de los tantos y magníficos
poemas del cubano Nicolás Guillén: "Digo que no
soy un hombre puro", dicen: "La pureza del que se da golpes
en el pecho y dice: Santo, santo/ cuando es un pobre diablo. Diablo.
Diablo/ En fin la pureza del que no llegó a ser lo suficientemente
impuro/para saber que cosa es la pureza".
En los libros de Genet habla
el "impuro", habla el pederasta como pederasta sobre pederastía:
sin ofrecer excusas, sin pedir comprensión y lo más
importante sin velos. Por eso, si crear es asumir hasta el final todos
los peligros a los que las criaturas se ven sometidas, no puede suponerse
una creación sin amor. Jesús murió después
de hacerse cargo de todos nuestros pecados. Al respecto le dice el
poeta de Para un funámbulo ma
Abdallah: "La amarás, y con un amor casi carnal. Cada
mañana, antes de iniciar tu entrenamiento, cuando está
tensa y vibra, ve a darle un beso. Pídele que te aguante y
que te conceda la elegancia y el nerviosismo de la corva. Al finalizar
la sesión, salúdala, dale las gracias. Cuando esté
enrollada aún, por la noche, en su caja, ve a verla, acaríciala.
Y posa, amablemente, tu mejilla en la suya".
SU ESTETICA
Jean Genet considera su estética como la destrucción
de la belleza por considerar que aleja el ser en sí, porque
el arte para Genet es una creación natural, lo mismo que para
la tradición filosófica que asume, se identifica con
el Ser, con la plenitud. En este sentido todo arte es imitación,
es querer ser pleno y no serlo. Por eso la belleza es apariencia.
Va contra el ser. Es el mal, porque tanto el mal como la belleza son
artificios. Pero esta lucha constante de Genet contra el mundo no
se da como los demás estetas que rechazan la moral común
y proclaman sus propias leyes: Genet utiliza la belleza como un arma
dentro del sistema ético humano: lucha en el mundo con los
mismos valores del mundo. Quiere que se le condene. Acepta los valores
y hace lo contrario de lo que ellos dictan. Por eso, también
en este caso, es sacrificio.
SU POESIA
La poesía en Genet más
que un ejercicio literario; es un modo de vivir. Es una elección
personal no incidida por lo público. El tema de sus obras es
siempre aquello que afecta su sensibilidad. Son puramente experiencias
mentales.
Si definiéramos la poesía como comunicación,
Genet no sería poeta, porque sus obras no buscan tal efecto.
Se leen sin recibir algo positivo: desgarran los valores, el honor,
la virtud, el bien, es decir, todo ese catálogo de preceptos
morales que están en el inconsciente de los hombres. Su poesía
no comunica la realidad escueta, porque trata de la apariencia, de
los sueños y de los deseos. En ningún sitio hay lugar
para el Ser realizado; sí lo hay para el crimen y la destrucción.
Es el mal sin pretexto, sin excusa, sin justificación que cuestiona
su ser y se presenta como gesto.
Sin embargo su poesía tiene fin: mediante la palabra golpea
la conciencia de los otros, de la sociedad entera. Aunque trate de
evitar su publicación, crea algo concreto. No escribe para
ser leído, pero es leído. Hace a un lado su circunstancia
y ejerce su libertad. "La idea que nunca he dejado de desarrollar
es que, a fin de cuentas, cada cual es siempre responsable de lo que
se ha hecho de él".
En el mundo de la cultura a Genet se le reconoce más por sus
obras de teatro escenificadas en muchas partes del mundo, y después
por sus novelas, aunque también escribió poesía
y crítica de arte en excelentes ensayos sobre sus pintores
preferidos, especialmente Rembrandt y Giacometti.
Para Genet, Rembrandt es el pintor por excelencia, es decir el pintor
de la humanidad liberada de las apariencias y de la anécdota.
Poeta un poco por azar y otro poco por milagro.
Para hablar de la poesía
francesa tenemos que decir que Genet es excluido por los estudiosos
del género o por los antólogos de poesía francesa
en otras lenguas especialmente en español. Acaba de aparecer
un excelente libro de Jorge Nájar "Poesía contemporánea
de expresión francesa", que reúne poetas que abrevaron
de los clásicos simbolistas, pero tambien de la metafisica
de un Claudel, la obra singular de Saint-John Perse y René
Char, de Jules Supervielle y Aragón -ambos comunistas-, el
invisible Michaux. Todos ellos herederos de las catástrofes
de las guerras, supieron testimoniarlas. Con todo el olvido de la
obra de Genet por los antólogos es raro ya que los poetas franceses
se distinguen de los de otras nacionalidades por su deseo de teorizar
sobre lo que escriben. Creen en la importancia de las escuelas, es
el país de los manifiestos literarios, de los cenáculos,
de las polémicas.
Hay en el lirismo de Genet, una
suerte de desgano a lo Villon. Su poesía está ligada
a su narrativa, en efecto, Pilorge y Harcamone, dos personajes de
sus poemas "El condenado a muerte", "Marcha fúnebre"
y "La galera", provienen de sus novelas Nuestra señora
de las flores (1942) y El milagro de la rosa (1943).
Estos murieron trágicamente en su juventud, y a su recuerdo
dedica sus verso, en los que mezcla la ternura, la alucinación
erótica, y la sobrenaturaleza.
Las fuentes literarias de Genet,
en lo que a sus poemas concierne, son claras. Su deuda está
con Villon, el poeta sensual, anárquico, réprobo y burlón
poeta francés del siglo XV, príncipe de la corte de
los milagros y pastor de peligros, Francois Villón, nacido
en París (1431) el mismo año en que fuera carne de pira
Juana de Arco. La poesía de Genet tiene correspondencia con
la de Villon, especialmente en los poemas "El legado" y
"El testamento. Veamos:
EL LEGADO
El año cuatrocientos
cincuenta y seis,
Yo, Fracois Villon, estudiante,
Considerando en plenitud de facultades,
Con el freno en los dientes, actuando libremente-
Que se deben meditar las acciones,
-como lo indica Vigeccio,
sabio romano, gran consejero-
porque si no, se lamenta…
En el tiempo que he dicho antes,
Hacia Navidad, estación muerta,
En que los lobos viven del viento
Y que uno se queda en casa
- por la escarcha- cerca del tizón,
me vinieron deseos de romper
la muy amorosa cárcel
que quebraba mi corazón.
Y así lo hice,
Teniendo ante mis ojos a aquella
Que consentía en mi perdición,
Sin que por ello le fuera mejor,
Por ello lo siento y me quejo a los cielos,
Pidiendo venganza de ella
A todos los dioses venéreos
Y alivio por las penas de amor.
Y unas estrofas más adelante:
Primero en el nombre del
padre,
Del Hijo y del Espíritu Santo,
Y de su gloriosa Madre
Por cuya gracia no perece nadie,
Dejo, Dios mediante, mi fama
Al maestro de Guillaume Villon,
(pues suena en honor de su nombre)
y mis tiendas y mi pabellón.
Item, a la que he dicho,
Que me ha desterrado con tanta fuerza
Que estoy privado de alegría,
Y alejado de todo placer,
Dejo mi corazón engastado,
Pálido, digno de compasión, muerto y transido;
Ella me ha buscado este mal,
Pero que Dios se lo recompense.
Item , a maestro ythier Marchant
Con quien me siento muy vinculado,
Y maestro Jean le Cornu,
Dejo mi espada de acero cortante
Que ha sido retenida como prenda
Por una deuda de ocho sueldos;
Quiero según su valor,
Que se le entregue, recatándola.
Tanto el poema de "El Legado", como "El Testamento",
lo mismo que en las "Baladas", vemos al errante Villón,
quien en sus versos entrega a sus amigos y enemigos, su testimonio
y su época, que va enunciando y enumerando con sus atributos
y defectos en el transcurso de los versos, en los que incluye sus
fechorías. Sufre al igual que Genet varias entradas y salidas
de prisión. Al final se le conmuta la pena por el destierro.
Desaparece y no se vuelve a saber de él.
Veamos el canto X de la "Marcha
Fúnebre", de Jean Genet, la marcha consta de 13 poemas
que pueden leerse de forma independiente, al igual que las 62 estrofas
de que consta el poema
Mi prisión bien amada en tu inestable sombra
Descubrió mi mirada por descuido un secreto.
Tuve sueños que el mundo ignoraba
Donde se ahoga el espanto.
Tus lóbregos pasillos
son meandros del alma
Y su masa de sueño organiza en silencio
Un ingenio que tiene del verso el parecido
Y el exacto rigor.
Tu noche hace fluir de mi
ojo y mi sien
Una tinta tan densa que de ella hará surgir
Estrellas floreadas como se ve de golpe
La pluma que humedezco.
Avanzo en un líquido
negro donde complots
Informes al principio lentamente se fijan.
¿ qué auxilio pediré? Mis gestos se fatigan
y son bellos mis gritos.
Nunca podréis saber
de mi oscura destreza
Más que extrañas bellezas que el día hace surgir.
Los golfos a los que oigo tras sus miles de giros
Al aire libre se unen.
Y envían a la tierra a un dulce ambajador
A un niño sin mirada que señala su paso
Rompiendo tantas pieles que su alegre mensaje
Consigue su esplendor.
Y palidecéis de vergüenza
al leer el poema
Que graba el muchachito de criminales gestos
Pero nunca sabréis los lazos primigenios
De mi pasión sombría.
Pues en su noche vagan con
fuerza sus perfumes.
El firmará Pilorge y su apoteosis
Será el claro cadalso donde broten las rosas
Bello efecto de muerte.
Y en un fragmento del poema "La Galera", dice de su amigo
Harcamone
Haz un gesto Harcamone aproxima
tu brazo
Muéstrame ese camino por donde escaparás
Mas duermes cuando mueres y reúnes esa red
Donde libres de argollas se fugan los forzados.
Llegan a puerto ebrios de vinos especiosos
Y como yo a prisiones de pródigas celdas.
Mi bella degollada camina bajo el agua
Llevada a cada paso por tu espeso perfume
Sobre su ola rizada que luego se deforma
Y tú atraviesas lenta un laberinto de arcos.
En tus negros estanques sobrenadan rosales
En tu rostro en tus brazos un ovillo se anuda
De ese rumor de muerte mayor que los caballos
Conjuntamente uncidos al coche de una reina.
Cuando se hace mención
de Genet, no se puede dejar de lado a Rimbaud, ambos están
en ese póker que los críticos llaman "malditos",
pero en él primero estuvo la experiencia, el volcarse sobre
el mundo y después la búsqueda del lenguaje. También
Coleridge, por su largo aliento en el universo de sus poemas, como
La balada del Viejo Marinero. En tal clima se mueve Genet, excediéndose
en lo más sórdido y obsceno, lo que hace que sus personajes,
en vez de productos de su imaginación homoerótica, son
paradigmas intemporales.
Jean Genet representa un caso único en la literatura francesa
del siglo XX. Su universo refleja un talento singular, que no es en
ningún modo el de su inocencia sino el de la grandeza del lenguaje
y sus atmósferas que traspasan la vulgaridad para nombrar a
una sociedad cimentada sobre la intolerancia. Genet no pretende ser
ejemplo, ni testigo de nuestra época, ni revolucionario; es
un predicador de su impureza. El se introduce en la literatura clandestinamente
como un ladrón. Sartre destacó este hecho en su libro
"San Genet comediante o mártir". "Genet se instala
en el mundo, mendigando, prostituyéndose, amando solitariamente"
.
Su arte poética es la expresión de una mística
grotesca del amor y su vocabulario es litúrgico: ama lo sublime.
"Yo le adoro, cuando lo veo tumbado, desnudo, deseo decir la
misa sobre su pecho". La tensión que produce en el homosexual
la pasión de su obra, no solamente moral, sino también
sÍquico-dramática.
Regreso
índice