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Recordando la vida
POETAS COLOMBIANOS FALLECIDOS EN FEBRERO

JULIO FLÓREZ. (Chiquinquirá, Boyacá, 1867. Usiacuri, Atlántico, febrero 7 de1923). |
La obra de Flórez consta de diez libros: "Horas", "Cardos y lírios", "Gotas de ajenjo", "Cesta de lotos", "Manojo de Zarzas", "Haz de espinas", "Flecha roja", "De pié los muertos", "Fronda lírica" y "Oro y ébano". Sus poesías más destacadas "Mis flores negras", "La araña", "Idilio eterno", "Abstracciones", "Resurecciones", "La voz del río", "Reto", "Altas ternuras" y "Oh poetas", entre otras, son consideradas verdaderos clásicos de la literatura colombiana.
FLORES NEGRAS
Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
y en el fondo de esta alma que ya no alegras,
entre polvos de ensueños y de ilusiones
yacen entumecidas mis flores negras.
Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos, auroras que no eran mías.
Ellas son mis dolores, capullos hechos;
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces, cual los helechos
en las húmedas grietas de las montañas.
Ellas son tus desdenes y tus reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son, por eso, tan negras como las noches
de los gélidos polos, mis flores negras.
Guarda, pues, este triste, débil manojo,
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
guárdalo, nada temas, es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.
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JAVIER HUÉRFANO. (Calarcá, Quindío, 1959 - Bogotá, febrero 11 de 2010).. |
Libros de poemas: Publicó los poemarios: Visiones, 1984; Niñez del amor, 1985; Presencia de las sombras, 1985; Uno está en el día como dormidos, 1986; Ruega entonces que el camino sea largo, 1996; Aquí estoy en mi alto lugar, 1997; El olvido no tiene palabra, 1998; A las manos les reservo, 2002; La luna de Calarcá la teníamos alquilada, 2002; Animal de vuelo quiero ser, 2002; La noche cómo pájaro viudo, 2004; Quién dijo que la oscuridad no es otra luz, 2006.
UNO SE MUERE…
Uno se muere
Se muere uno
Con la complacencia de los muros
Todos los días,
Luces encadenadas giran, giran y giran.
Vientos coquetean a los ventanales fríos.
Afuera marchan las palomas
Sin importar el reguero de hombres.
Se muere todo con una muerte propia.
De manos piadosas está hecha la oscuridad
Y gime en el sueño roto una pesadilla, el dolor de un peso en la espalda
No es más que una tonelada de humillaciones.
Uno se va apagando.
Uno deja la boca sin posibilidad de besos,
Así se va la noche con sus raíces al infinito,
Sin luz que pueda sacudir la piel.
Uno se muere
Sólo y siempre muro. |

EDUARDO CARRANZA. (Apiay, Llanos Orientales, Colombia, 1913; Bogotá, Colombia, 13 de febrero de 1985) |
Perteneció al movimiento Piedra y Cielo. Promovió varias publicaciones culturales y dirigió con gran éxito la Biblioteca Nacional. Su poesía muestra cuatro temas fundamentales: Patria, muerte, amor y tierra. Obra poética “ Canciones para iniciar una fiesta” ; “ Seis elegías y un himno” ; “ La sombra de las muchachas” ; “ Azul de ti” ; “ Canto en voz alta” ; “ Éste era un rey” ; “ Ellas, los días y las nubes” ; “ Diciembre azul” ; “ El olvidado” ; “ Alhambra” ; “ Los pasos cantados” ; “ Los días que ahora son sueños” ; “ Hablar soñando y otras alucinaciones” ; “ Epístola mortal y otras soledades” ; “ Leyendas del corazón y otras páginas abandonadas” ; “ Una rosa sobre una espada” ; “ Canto en voz alta” ; “ El insomne” ; “ La poesía del heroísmo y la esperanza” .
DOMINGO
Un domingo sin ti, de ti perdido,
es como un túnel de paredes grises
donde voy alumbrado por tu nombre;
es una noche clara sin saberlo
o un lunes disfrazado de domingo;
es como un día azul sin tu permiso.
Llueve en este poema; tu lo sientes
con tu alma vecina del cristal;
llueve tu ausencia como un agua triste
y azul sobre mi frente desterrada.
He comprendido cómo una palabra
pequeña, igual a un alfiler de luna
o un leve corazón de mariposa,
alzar puede murallas infinitas,
matar una mañana de repente,
evaporar azules y jardines,
tronchar un día como si fuera un lirio,
volver granos de sal a los luceros.
He comprendido cómo una palabra
de la materia azul de las espadas
y con aguda vocación de espina,
puede estar en la luz como una herida
que nos duele en el centro de la vida.
Llueve en este poema, y el domingo
gira como un lejano carrusel;
tan cerca estás de mi que no te veo,
hecha de mis palabras y mi sueño.
Yo pienso en ti detrás de la distancia,
con tu voz que me inventa los domingos
y la sonrisa como un vago pétalo
cayendo de tu rostro sobre mi alma.
Con su hoja volando hacia la noche,
rayado de llovizna y desencanto,
este domingo sin tu visto bueno
llega como una carta equivocada.
La tarde, niña, tiene esa tristeza
del aire donde hubo antes una rosa;
yo estoy aquí rodeado de tu ausencia
hecho de amor y solo como un hombre. |

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Entrada libre
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