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¿Cuáles fueron las razones que tuvo Silva para
suicidarse? Cincuenta años después de su muerte,
la última persona que vio a Silva con vida, su amigo
Hernando Villa, escribió sus recuerdos de esa noche:
"(...) Semanas después me invitó a tomar
el té en su casa para leerme la novela, en la pieza en
que murió, pocas horas después. Interrumpimos
la lectura cuando nos llamaron a tomar el té, y nos sentamos
a la mesa, Tomás Rueda Vargas, la madre y dos hermanas;
María de Jesús Arias, Domingo Esguerra, Oliverio
Ramírez, Rafael Roldán, la madre de José,
y Julia, hermana de éste; el Barón de Labarre
y yo. Al ir a sentarse José, vi que contó con
los ojos y se retiró a tomar el té sobre las rodillas,
porque éramos 13. La madre de Tomás, que vio la
actitud de José, dijo a Tomás, que éste
que era el más joven, debía tomar el té
en una mesa aparte, para que José se sentara con nosotros
y éste acercó su asiento a mi lado.
Volvimos a continuar la lectura, que terminó cerca de
la una de la mañana, y José, con un candelabro
de plata, en que había dos espermas, salió conmigo
hasta la puerta y al despedirme le dije: "Te espero mañana
a comer en casa"; a lo cual repuso: "esas comidas
allí son complicadísimas y por estar delicado
de salud no puedo aceptarte, pero sí voy por la noche
a tomar el té". Le repuse: "¡Déjate
de esa vida, vive como vivimos todos, sin tantos refinamientos,
pues si sigues así, acabas por darte un balazo!"
"Suicidado yo, ¡qué bonito!", me dijo
riéndose de mí.
Al otro día, a las 6 a.m., recibí recado de la
casa de Silva, de que éste había muerto. Como
vivía yo, 3 cuadras abajo de la de Silva, junto a la
de "El Tiempo", en pocos minutos atendí la
llamada y fui el primer extraño que llegó a llorar
con el alma, la infausta muerte. El balazo (...) se lo dio en
el corazón, con un revólver viejo, que era de
su padre, de fuego lateral y que poco antes lo arregló
un armero para defensa del guardia de la fábrica".
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