 |
JOSÉ
MANUEL ARANGO.
(El Carmen de Viboral en 1937- Medellín en 2002). Profesor
de lógica simbólica durante más de veinte
años en la Universidad de Antioquia. En el decenio
de los años 60 residió en los Estados Unidos
donde terminó su maestría en filosofía
y pudo contemporizar con los principales movimientos poéticos
contestarios de ese momento: Beatniks, Imagismo y contracultura
hippie. Sin embargo, su poesía buscó raíces
más hondas, desde la tradición clásica
e hispanoamericana, pasando por la mejor poética anglosajona
e incluso del lejano Oriente. Poetas como Walt Whitman, Emily
Dickinson, William Carlos Williams, Ezra Pound, Denise Levertov,
tuvieron siempre en su obra una profunda ascendencia espiritual
y estilística. De ellos, y muchos otros escritores,
realizó traducciones al español en Colombia.
Fundó revistas de gran prestigio como Acuarimántima
(1973-1982), Poesía (1986-1989) y Deshora (1996-2002).
Obtuvo el Premio Nacional de Poesía de la Universidad
de Antioquia en 1988. Obras Este lugar de la noche (1973),
Signos (1978), Cantiga (1987), Poemas escogidos (1988), Poemas
(1991)
La sombra de la mano en el muro (1992) Tres poetas norteamericanos
(Traducciones de Whitman, Dickinson, Williams, 1993), En mi
flor me he escondido (Traducciones de Emily Dickinson, 1994),
Montañas (1995), Poemas reunidos (1997) y En la tierra
de nadie del sueño (Póstumo, 2002)
O
como dos que hablan después del amor
todavía desnudos
tendidos de espaldas
fumando y
hablan de silencio en silencio
y la voz es sosegada después del amor
y ya sin premura
y
ella se incorpora
y pone el codo en la almohada
y pone la mejilla en la palma
y él
ve su risa rápida y tranquila
su risa
y el temblor de sus pechos.
|
VIII
HOLDERLIN
Quizá la locura
es el castigo
para el que viola un recinto secreto
y mira los ojos de un animal
terrible |
LA
DIOSA NEGRA
Todos estos días lo ha acompañado el gesto
de la muchacha
El gesto prendado en un rincón del parque
Y se ha demorado en él y se ha nutrido de él
La muchacha
quizás sin saber que alguien otro la veía
O tal vez sabiendo y gozándose de ser vista por alguien
otro
Se levanta la falda y deja el muslo al descubierto
Y coge la mano de su amigo y la lleva para que palpe
Todos esos días
ha sentido en las yemas la piel de un
muslo de muchacha
Y ha visto una y otra vez la bella asechanza de aquel
gesto
Y el brillo en los ojos del que la vida toca para usarlo
O para herirlo
Para perderlo
CANTIGA DE
AMIGO
Y tras la incertidumbre de un instante
frente al desconocido
que luego por virtud del gesto recordado
vuelve a ser el amigo que después de la lluvia
llama a la puerta
lo ayudamos a desnudarse
colgamos sus ropas a secar junto al fuego
y oímos el relato de su viaje
reconociéndonos en sus maneras
de náufrago
ACERCA DE
LAS FLORES DE GUALANDAY
Pero
ella hablaba de las flores del gualanday
el
árbol que en este tiempo, en esta estación,
florece
Contaba
cómo alfombran la calle y las aceras
y
cómo son moradas y diminutas
casi
fosforescentes en el anochecer
Uno
pisa: un reguero blando
jabonoso
de flores.