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JOTAMARIO
ARBELÁEZ. (Cali, 1940), cofundador del nadaísmo
el cual tiene su punto de partida tanto en las vanguardias
europeas del siglo pasado como en la generación beat
y el hippismo. Su poesía y su prosa se caracterizan
por el humor negro, el erotismo, el desenfado, la irreverencia
social y antimoralista con un lenguaje directo, voluntariamente
prosaico y contundente. Ha sido publicista, funcionario público,
periodista y profesor universitario. En 1980 ganó el
Premio Nacional de Poesía convocado por la editorial
Oveja Negra y la revista de poesía Golpe de dados.
Posteriormente ha obtenido otros como el Nacional de Poesía
del Ministerio de Cultura, el Premio del Instituto Distrital
de Cultura, etc. En 1996 recibió la Orden del Congreso
de Colombia y el V Encuentro Internacional de Escritores de
Bogotá le ofreció su homenaje. Entre sus libros
de poesía publicados se cuentan: "El profeta en
su casa", 1966; "Mi reino por este mundo",
1980; "En paños menores", 1994; "La
casa de memoria", 1995, y "El cuerpo de ella",
2000. Sus memorias aparecieron en el 2002 bajo el título
de "Nada es para siempre".
No hay día
que no traiga
como un fatídico cartero
noticias acerca de la muerte
de algún amigo de la infancia.
No es que estemos muy viejos
ni ha estallado la guerra.
No hay epidemia declarada
ni militamos en la mafia.
Unos adquieren cáncer temprano,
a otros el corazón se los lleva,
de vez en cuando algún suicidio
o un estrellón en la carretera.
Se encuentra uno en los sepelios
y los rescata del olvido
condiscípulos ventripotentes
ya con tarjeta de abogados.
Y la próxima vez que los ves
es en la misma funeraria
con cara de pocos amigos
nadando en flores.
Un día de estos yo seré la noticia
y los niños de entonces
se conmoverán en sus escritorios
por mi desaparición prematura.
Nada tengo contra la muerte.
Pero me hubiera gustado vivir
la promesa de un paraíso
donde el amor fuera posible
sin la espina de su corona.
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MANOS
Me gusta más la izquierda,
la del reloj,
la de la argolla de oro.
La otra mano es más blanca
y más directa. Como que está más
cerca de sus actos.
Me he fijado en las líneas de la suerte
y en cada una el trazo es diferente.
Por lo poco que sé de quiromancia
adivino que es frágil, enfermiza,
con un tic de maldad.
En lo que toca
deja huellas de polen. O de polvo
para ser menos líricos.
Para ser más concisos, periodísticos.
Describiré
sus manos dedo a dedo
pero en otra ocasión.
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MISIÓN
DEL ESCRITOR
Porque
el escritor campeón del individuo. El soldado, el hombre
leal, representan el entierro en masa, la bomba atómica,
la fosa, común: el escritor en cambio defiende esos
pequeños cementerios atestados, antieconómicos,
insalubres, en donde las cruces de piedra preservan nombres
innumerables
Graham
Greene
Le dieron
al escritor el don de la palabra. Le concedieron el uso de
la palabra. Y el escritor hizo con la palabra un tránsito
de su sentir humano al corazón de sus semejantes mortales.
La palabra
es un símbolo, pero acostumbraron al hombre a la aprehensión
continua de los símbolos. También es símbolo
el color. También es símbolo el sonido. El hombre
construyó entonces la tabla de equivalencias entre
símbolo y representación. El símbolo
consiguió entonces exaltarle el espíritu.
Al encargado
por excelencia de la palabra, de transmitirla a los demás,
se le exigió, por lo menos, solidaridad humana. Una
exigencia justa pero fácilmente violable.
Algunos
pensaron que el género de los escritores no tenía
nada que ver con el género humano (a lo sumo que gravitaban
por accidente sobre la misma tierra que se alumbraban con
la misma luz del aire). Embutidos en la torre de babel de
marfil, con las lenguas trabadas, produjeron sus galimatías.
Y fueron aplaudidos desde el abismo de babel, desde el abismo
de marfil.
Otros pensaron
que los escritores eran los conductores. Que no había
más gobierno sobre la tierra que el de su palabra.
Otros pusieron sus palabras al servicio o a la defensa de
determinada ideología. Todos pecaron, todos se equivocaron
porque todos eran escritores.
Porque ser
escritor no es ser filósofo. Mientras el filósofo
trata de dar testimonio de la verdad, el escritor debe tratar
de dar testimonio de la vida. Mientras el filósofo
interroga los cielos arcanos, el escritor debe hacerlo con
el infierno terrenal. El filósofo especula con el concepto,
el escritor solamente con la palabra.
N es filósofo.
K es escritor. N y K dan un paseo por el campo. Ambos miran
el cielo espumoso de la mañana. N puede decir: - Afirmo
que el centro del universo está a dos años luz
al Este de la estrella más alta. K debe contestar:
- Afirmo que el centro del universo está en el Hombre.
Hacia arriba
o hacia los lados, hacia cualquier lugar que mire, el hombre
sólo encuentra un equidistante misterio. Entonces el
hombre está en el centro. Provisionalmente. Hasta que
el misterio del cielo sea abierto. O hasta que muera. Entonces
será absorbido por la esencia misma del cosmos.
Pero si
el hombre mira a sus pies, encontrará que tiene algo
a qué aferrarse. La maravillosa tierra que produce
manzanas. La tierra que -es su porvenir, su alegre morada
y su reposo-. La tierra taladrada por dentro por los buscadores
de esmeraldas por las cañerías victoriosas,
por los autobuses subterráneos, por las lombrices de
tierra. La tierra que se despierta ante el estupor de millones
de astros. Orgullosa del hombre que la camina.
Uno de esos
hombres que la camina es el escritor. A quien si le concedieron
el privilegio de la palabra, también le concedieron
el privilegio del silencio porque un escritor no es solamente
lo que escribe sino lo que calla. No es solamente lo que expresa
luego de la contemplación, sino lo que quedó
en sí mismo de contemplación inexpresable.
Concluyamos
cualquier cosa; con las premisas anteriores se puede probar
todo o no se puede probar nada. La misión del escritor
es ser escritor. Durante el tiempo que le parezca conveniente.
Si le parece conveniente.
NADAISTA PARA
SIEMPRE
" Ahora
que mi padre se fue de parranda a la otra cara del
aire, y que mi madre y mis hermanas viven de su retrato y
orgullosas esperan que yo también vaya tomando el tono
sepia
de los viejos daguerrotipos,
ahora que tengo bolsillos de sobra para manducar por todos
los
hambrientos del mundo y no proveniente de herencias ni de
contrabando de coca mas he perdido el apetito,
ahora que nada me falta sino la desesperación tan querida
y
aquella soledad que poblaba mis páginas de criaturas
de carne y humo,
ahora que calzo y visto de las vitrinas que me tientan, que
bailo y
bebo de las manos y de los pies de las danzarinas incorpórea
incorporadas a mi vida en calidad de serpentinas,
serpentinas de paraíso que no de fiesta ni aquelarre,
ahora que han descendido las gradas de palacios y vaticanos
todos
los césares y todos los píos, que han entrado
en liquidación
intocables y tradiciones y
que lo único que resta de venerable es el pobre santo
de
plomo que hundido en la verdura hasta las narices pone
los huevos de la revolución apoyado en la cruz de su
metralleta
bajo tranquilo del avión sin soltarme del pasamanos,
me aventuro por las calles rabiosas de multitud y me hago
perseguir por las miradas ojiverdes de la ley del más
fuerte,
hago gimnasia en las esquinas, esquivo los embates del toro,
me hago el loco a término fijo. "