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Ferreira Gullar: "Cantar es engañar a la muerte"1
Oriundo de la ciudad de São Luís, capital
del estado de Maranhão, en la costa del nordeste brasileño,
Ferreira Gullar publicó La lucha corporal, su primer
libro, a la edad de 24 años. Este libro causó un impacto
profundo en la poesía brasileña, como quiera que su
lectura ejerció una influencia determinante en los hermanos
Augusto y Haroldo de Campos y en Décio Pignatari, poetas que
poco después promoverían en São Paulo el movimiento
de lo que se conoce como la poesía concreta. Aparte de esta
influencia puntual, La lucha corporal es importante porque anuncia
la aparición de un gran poeta, hecho que se manifiesta en dos
poemas que hasta hoy son considerados como piezas fundamentales de
la poesía brasileña contemporánea. Me refiero
a “Gallo gallo” y a “Las peras”, en los cuales
voy a detenerme para comenzar este recorrido. Grito, fruto oscuro Dejémoslo ahí por el momento, subrayando,
a manera de pregunta, el verso donde se dice: “Se ve: el canto
es inútil”. Sobre la mesa del domingo El poeta mantiene cierta objetividad: no habla en primera persona, no se dedica a expresar sus sentimientos. Sólo que en esta oportunidad su asunto no es el canto “ronco y sangriento” de un animal, sino el drama intenso, agónico, de unas peras que se pudren, que se consumen en su “dorado sosiego”. Los temas son, entonces, el tiempo –dado por la presencia del reloj-, la muerte, la soledad: Todo es el cansancio El tiempo objetivo del reloj es ajeno, distinto del tiempo vital, interno. Por ello se nos dice al comienzo del poema que detener el péndulo no detendría la muerte de las peras. Por eso se afirma: El reloj Somos alambres extendidos en el aire de un patio
que nadie visita Luego, inesperadamente, hacia la mitad del poema se da un cambio de foco, de motivos –pues el poema, como hemos visto, tiene una diversidad de motivos: en esta especie de bodegón, además de las peras, tenemos el reloj y las flores en el cantero. De repente, creando un contraste en relación con la inmovilidad de las frutas y las flores, se nos aparece un gato, “el día del gato, el felino/ y sin palabras/ día del gato que pasa entre los muebles”. Es un cambio de foco momentáneo, breve, donde incluso el “yo”, la voz del poeta se permite irrumpir por un instante: “Pa-/ sar como yo/ paso: entre nada”. Luego el poema vuelve a su tema inicial, el de las peras descomponiéndose, antes de dar un nuevo y sorprendente giro donde reaparece el gallo gallo en escena, y con él, ambiguamente, la cuestión del canto. Primero leemos: Gritar Para, al final, concluir que es necesario no dejar de cantar nunca, porque es así, solamente así, que “el gallo/ es sin muerte.” Es un final inesperado, aparentemente gratuito, pero que cobra sentido en relación con lo afirmado en el poema “Gallo gallo”, donde se dice que el canto es inútil. Cuando le pregunté acerca de esto en la entrevista, Ferreira me respondió: “En el poema digo que el canto es inútil, y supongo –no garantizo- que lo que quiero expresar de algún modo es la inoperancia, la incapacidad de la literatura para cambiar la realidad. Yo puedo cantar como el gallo canta, pero luego, al terminar de cantar, el mundo continúa tal como es, no cambia. Al mismo tiempo, cuando canta, el gallo es sin muerte, olvida que muere. Cantar es engañar a la muerte, es vivir en un mundo imaginario”. Experiencias de vanguardia: “Roçzeiral”, Crimen en la flora (1956), concretismo y neoconcretismo Demos ahora un vistazo, a vuelo de pájaro,
a algunas de las experiencias de vanguardia en las que Ferreira participó
a finales de los años cincuenta. Doy la palabra al testimonio
del poeta en la entrevista publicada por El Malpensante:
Ésta es una escritura que rechaza, que se
resiste a un análisis racional. Luego de terminar La lucha
corporal, Ferreira continuó empeñado en explorar el
mismo camino. Fue así como entre 1954 y 1956 se dio a la tarea
de escribir un extenso y extraño poema titulado Crimen en la
flora, que sólo se atrevería a publicar treinta años
después, por insistencia de la Editorial José Olympio.
Volvamos a la entrevista: El jardín con sus hojas abiertas y fijas. Luego, a finales de los cincuenta, vendría toda la aventura de la poesía concreta y neoconcreta, época en que poetas y artistas plásticos brasileños coincidieron en la intención de crear un arte con un lenguaje radicalmente nuevo. En el caso de la poesía, Ferreira, además de participar en la redacción de proclamas y manifiestos, incursionó en la experimentación de crear poemas visuales, en los que la página adquiere preponderancia como espacio gráfico y la disposición de las palabras entra a jugar un papel como elemento constitutivo de ese espacio visual. Un ejemplo de estos poemas visuales lo encontramos en el siguiente texto: mar azul Así mismo, Ferreira participó en la elaboración de poemas espaciales, poemas-objetos, cuyo caso más representativo fue el del poema enterrado. Acerca de esta experiencia y de cómo llegó un momento en que sintió la necesidad de volver a empuñar el lápiz y el papel, el poeta me comentó: El poema enterrado es un poema que construí
en el sótano de la casa de un amigo, Hélio Oiticica.
Fue una experiencia interesantísima. Todos esos experimentos
con los poemas-objetos los hice con mucho entusiasmo y entrega. Era
algo muy inventivo, muy nuevo. El poema enterrado es un espacio que
tiene una escalera. Usted baja por la escalera y llega a un sótano,
abre la puerta del poema, entra y en el centro del espacio encuentra
un cubo rojo de 50 x 50 cm. Quita el cubo rojo y debajo encuentra
un cubo verde de 30 x 30. Quita el cubo verde y debajo encuentra un
cubo blanco, pequeño. Lo levanta y en la cara de abajo encuentra
escrita una palabra: “Rejuvenezca”. Es un ritual donde
usted desciende a una especie de tumba y renace. La fase de la poesía comprometida: Dentro de la noche veloz (1962-1975) Según el propio Ferreira comenta en la entrevista, luego de su periodo de experimentación vanguardista pasó a una etapa de firme compromiso político. Vemos entonces cómo en la trayectoria del poeta se ha dado una relación muy estrecha entre la ética y la estética, entre el arte y la vida, entre la estética y la política. Durante la primera fase de esta época comprometida, el autor se dedicó a escribir poemas de cordel como Jõao Boa-Morte, cabra marcado para morrer (1962) y Quem matou Aparecida (1962), así como otros poemas dedicados a denunciar la situación de miseria, hambre e injusticia de la sociedad brasileña: Introduzco en la poesía Quien habla de flor no lo dice todo. En Piauí de cada cien niños que
nacen En Piauí En Piauí Como podemos apreciar, en este caso al poeta sólo le interesa denunciar, por eso parodia y se burla de la versificación, de la estética tradicional y del concepto mismo de poema. Esta crítica a una poesía etérea, desligada de la realidad, que Ferreira hace explícita en “Bomba sucia” cuando dice que “El poeta se torna mudo/ sin las palabras reales”, se reitera en el poema titulado “No hay vacantes”: (…)
Se podría abundar en este tipo de poemas pertenecientes a la etapa comprometida de la obra de Ferreira. Dentro de la noche veloz, el libro que reúne su producción de esta época, está lleno de ellos, como en el caso de “En el mundo hay muchas trampas”, “Dos y dos: cuatro”, y otros. Lo que vale la pena destacar, no obstante –y el propio Ferreira lo señala en otro aparte de la entrevista-, es el modo como el poeta se propuso construir poemas estéticamente más complejos, en vez de limitarse a hacer denuncia política y no literatura. La amarga ironía de un poema como “El azúcar”, donde el poeta cuestiona su propia condición privilegiada de poeta burgués, marca un punto intermedio en esta transición: (…) En fábricas oscuras, En dos poemas extensos, de más de diez páginas, “Dentro de la noche veloz”, que da título al libro, y “Por usted, por mí”, es donde se aprecia más claramente cómo Ferreira se propuso reelaborar su escritura de corte político. En “Por usted, por mí”, que trata sobre la guerra de Viet Nam –el tema por excelencia para denunciar el imperialismo de los Estados Unidos en los años sesenta-, Ferreira asume un tono narrativo y una retórica de pregunta para denunciar lo que estaba ocurriendo: ¿Qué pasa en Hue? ¿En
Da Nang? ¿En el delta La devastación ocasionada por la guerra lejana
contrasta con la calma que el poeta corrobora en la cotidianidad de
Río de Janeiro: Como se puede percibir en las primera cita, Ferreira se explaya al describir los efectos del engranaje tecnológico desplegado por el aparato militar norteamericano. Tal como ignominiosa y trágicamente se repite hoy en día, los abanderados de la civilización y el progreso terminan convertidos en heraldos de la muerte y la destrucción. Cuarenta años después, la poesía, como testimonio crítico y como instancia de beligerancia ideológica, no pierde vigencia: Los americanos están ahora invirtiendo
mucho en Viet Nam
está lleno de jóvenes hombres rubios
Es evidente que ante este conflicto el poeta no permanece neutral y toma partido resueltamente. Por eso, al finalizar el poema, se identifica, y quiere que nos identifiquemos, con Tram Van Dam, el adolescente vietnamita que, granada en mano, ha logrado infiltrarse en la base militar de Da Nang: Tran Van Dam
Dentro de la noche veloz, publicado en 1975, contiene poemas escritos por Ferreira a lo largo de 13 años, a partir de 1962. Es más de una década de escritura, que aquí, con el ánimo de perfilar de algún modo este panorama, he caracterizado como el periodo de su poesía comprometida. Y aunque, en efecto, durante esta época la obra y la vida pública del poeta fueron marcadas por su militancia de izquierda, en ese tiempo Ferreira escribió también sobre temas diferentes al de la apremiante lucha política. Pese a no haber sido ajeno a los dilemas estéticos –caso de las vanguardias- y políticos –caso de su militancia en el Partido Comunista- de la sociedad brasileña, su posición frente a los mismos fue siempre dinámica, conflictiva, incluso contradictoria. El poeta nunca se dejó sofocar por completo, siempre terminó por imponerse al ideólogo vanguardista y al militante político. Por eso, Dentro de la noche veloz reúne también poemas notables donde tienen cabida tanto el tema amoroso como las vicisitudes de los habitantes de las ciudades contemporáneas. Buena muestra de ello la encontramos en los poemas “Una voz” y “La vida late”. “Una voz” es una pequeña joya, una miniatura en cuatro versos que no requiere más comentarios: Su voz cuando ella canta “La vida late” es un poema más extenso. Es el poema de nuestro diario vivir en la ciudad, el poema de nuestra ansia de vida, de nuestro cotidiano latir entre “constelaciones, náuseas y problemas”:
En mayo de 1964, los militares brasileños
dieron el golpe de Estado que habría de mantenerlos durante
veinte años en el poder. Ferreira, integrante del Partido Comunista
y quien para entonces presidía el Centro Popular de Cultura,
de la Unión Nacional de Estudiantes, que propugnaba por un
arte de tipo político y revolucionario, sufrió en carne
propia la ola de represión desatada por la dictadura. Así
lo atestigua el siguiente fragmento del poema titulado, precisamente,
“Mayo 1964”: El sueño de llevar a cabo la revolución
se estrelló contra la dura realidad de la dictadura. Ferreira
se vio obligado a declararlo en “Agosto 1964”, un poema
de tono confesional donde el poeta descarta sus ilusiones mientras
viaja en bus a su casa, de vuelta del trabajo, “en mitad de
la noche/ fatigado de mentiras”: (…) Para evitar una inminente captura, en 1971 Ferreira escapó de Brasil. Viajó de manera clandestina a Rusia, dando comienzo a lo que serían cinco años de exilio, durante los cuales residió, además, en Chile, Perú y Argentina. Las experiencias que vivió en ese tiempo las consignó en su libro de memorias Cola de cohete. Los años del exilio (1998), aún no traducido al español. De la entrevista publicada en El Malpensante extraigo el siguiente aparte donde Ferreira habla de las circunstancias que rodearon la creación del más célebre de sus libros, el famoso Poema sucio, que escribió en su exilio de Buenos Aires, entre mayo y octubre de 1975: Después de salir de Chile estuve viviendo en Perú y de ahí viajé para Argentina. Al poco tiempo murió Perón, Isabelita asumió el gobierno y luego vino el golpe militar. De pronto Argentina y todos los países alrededor: Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay estaban gobernados por dictaduras. Mi única alternativa era viajar a Europa pero mi pasaporte estaba vencido. Tuve que ir a la embajada de Brasil en Buenos Aires a pedir un pasaporte nuevo, pero como había salido clandestinamente del país, querían decomisarme el pasaporte. Me tocó amenazarlos con denunciar el caso en la prensa, y sólo así resolvieron devolvérmelo. Pero antes cogieron un sello y estamparon en todas las páginas: “Cancelado”. Así que no podía salir del país. Entre tanto, los militares empezaron a perseguir y a desaparecer gente, y a los políticos brasileños exiliados comenzaron a detenerlos para entregarlos a la policía brasileña. Cuando algunos amigos míos fueron capturados y desaparecidos, pensé que el siguiente iba a ser yo. Entonces escribí el Poema sucio como si fuera la última cosa que iba a hacer en la vida. Tenía que decir todo lo que pudiera mientras aún tenía tiempo. Discurrir en detalle acerca del Poema sucio
supera el alcance de este recuento. Daría para otra conferencia.
Si consultan en Google encontrarán cientos de artículos,
ensayos, reseñas y tesis universitarias que se han escrito
sobre él. Lo que puedo asegurarles es que para un amante de
la poesía, por lo exigente y sobrecogedora, la lectura del
Poema sucio constituye una experiencia única, comparable
sólo a la lectura de poemas-libro como Una temporada en
el infierno, de Rimbaud, el Canto de mí mismo,
de Whitman, o Altazor, de Vicente Huidobro. Es una lectura
exigente porque no es fácil mantener la concentración
ni resistir la intensidad que el poema despliega a través de
sus setenta páginas de extensión. Dado que Ferreira
integró en él el verso y la prosa, el tono evocativo
con el tono metafísico, su biografía personal con la
historia de su São Luís natal, el hilo cronológico
con la asociación libre, así como temas tan diversos
como su iniciación sexual, la historia del río Anil
o las distintas velocidades del día y la noche, la verdad es
que en una primera lectura uno tiende a perderse. En mi propio caso,
sólo a partir de la tercera o cuarta lectura logré asimilar
la profunda coherencia que tiene el poema tras su aparente inconexión
y enormidad. La capacidad de Ferreira Gullar para sostener ese arduo
diálogo consigo mismo, la riqueza de sus recursos expresivos,
la fuerza con que logra convocar las presencias del pasado desde la
soledad del exilio, otorgan al Poema sucio un aliento febril
y un ritmo avasallador sin parangón en la moderna poesía
brasileña.
Durante la década de los ochenta, con un intervalo
de siete años, Ferreira publicó dos libros de poemas:
En el vértigo del día y Barullos. En el primero de ellos,
como se aprecia en el poema “El pozo de los Medeiros”,
aún gravitan ecos de la atmósfera y los temas del Poema
sucio. Allí, el poeta recalca que no quiere “la poesía/
el poema, el discurso limpio/ donde la muerte no grita”. Dice
que para alimentarse, en cambio, prefiere inspirarse en las aguas
“sucias, rasas/ ahogadas/ del viejo pozo/ hoy derruido/ donde
en otro tiempo” sonrió. Lo sucio como cualidad determinante
de la experiencia vital constituye un rasgo distintivo, un leit motiv
en toda la obra de Ferreira. En poemas anteriores a la publicación
del Poema sucio ya había hecho numerosas referencias a “la
sucia luz de los perfumes de la vida” y había insistido
en que “la vida es sucia, la vida es dura”. En un ensayo
de 1989, “Reinvención de la poesía”, el
poeta fue aún más explícito al afirmar: “la
palabra que forma el poema siempre fue, a mi entender, una entidad
viva, nacida del cuerpo, sucia de quién sabe cuántos
insondables significados”. En 1997, interrogado por los editores
de la revista Poesía siempre acerca de por qué había
denominado así su poema cumbre, Ferreira respondió:
“en primer lugar, es sucio porque es nordestino, y la visión
del Nordeste que me impregnaba en aquel momento era la de los leprosos
de Bonfim que caminaban hasta el centro de São Luís
y me causaban horror. Era la miseria, la enfermedad, la muerte, el
lodazal, la favela, los palafitos. Entonces, el poema era sucio como
el pueblo brasileño, como la vida del pueblo brasileño”.4 (…)
ese olor no se acaba Ferreira continúa ligado siempre a su pasado en São Luís, y para hablar de ello se aferra a cualquier vestigio. Cualquier objeto, la remembranza de cualquier objeto, como la del viejo espejo del guardarropa, sirve de sustento a su labor:
Ni siquiera el viento que soplaba en aquellos años de la infancia, mientras Ferreira leía en su cuarto cuentos de Hoffmann, y su madre cosía, y el arroz en el fuego olía a familia, ni siquiera el viento escapa al inventario que el poeta hace de los tiempos idos:
En 1987, cuando publica Barullos, Ferreira Gullar cuenta ya con 57 años de edad. Ante la desaparición de varios de sus amigos y seres queridos, el poeta empieza a ocuparse en sus versos insistentemente de la muerte, de lo que él llama “la precariedad, la pérdida de todo”. Su escritura asume un tono cada vez más retrospectivo y, como lo insinúa en el poema que lleva ese título, comienza a esbozar una larga despedida:
En poemas como “¿Quién soy yo?”,
se sigue elaborando la pregunta, la perplejidad acerca de la trascendencia: (…)
lo chupa con dos ojos brillantes?
Al día siguiente de la muerte de uno de sus grandes amigos, el dramaturgo Mário Pedrosa, Ferreira se quedó mirando una gaviota en vuelo y pensó: ¿Y Mário?
en un mundo donde él ya no está
Y pienso: ¿cuántas mañanas
vendrán aún en la historia de la Tierra? Cuando escribí el poema de las peras mi noción de la muerte era teórica. Como cualquier persona, sabía que iba a morir. Pero era muy joven, aún no había perdido a mi padre, ni a mi madre, ni a mis hermanos o a mis amigos, no había perdido nada. Luego, con los años, fui perdiendo realmente. Hoy en día la muerte para mí no es una cosa abstracta, es una pesada realidad. En Barullos y en mi último libro, Muchas voces, la visión de la muerte es mucho más concreta, más real. (…) Ése es el problema de vivir mucho tiempo. Son pérdidas sucesivas. Cuando miro para atrás, la cantidad de amigos que se fue es enorme. De los más cercanos, quedan pocos. Es difícil asumir eso. Independientemente de que usted quiera o no, tener que confirmar la precariedad, la pérdida de todo, es algo que pesa en la vida. Soy una persona lúcida y trato de ver los hechos con objetividad, pero son demasiadas cosas… como la pérdida de mi gato, por ejemplo, el gatico que vivió conmigo dieciséis años, ¡es una pena! Puede parecer insignificante, pero cada vez que vuelvo de la calle y entro al apartamento es triste, ¿sabe? Hay que tener una fuerza de imaginación muy grande para vivir en paz, para seguirle atribuyendo sentido a la vida. La reflexión que el poeta desarrolla acerca del hecho inevitable de morir, no es lastimera, ni quejosa, ni patética. Es una mirada abierta y franca ante la muerte, desde la postura resuelta de quien no renuncia a la vida: Conduzco No quiero asustar a nadie.
debo decir
(…)
“Detrás del rostro” Antes de pasar a comentar Muchas voces, último libro de poemas de Ferreira, publicado en 1999, quiero detenerme en “Omisión”, que hace parte de Barullos y en el cual el poeta realiza una síntesis de las principales cuestiones que ocuparon su atención a lo largo de medio siglo. Al comienzo del poema encontramos a Ferreira retomando una vez más el tema de las frutas podridas, preguntándose por qué, en plena guerra de Las Malvinas, y mientras veinte familias eran desalojadas en el barrio de Tijuca, él porfiaba en ocuparse de eso: ¿No es extraño
Luego, en 1980, en su libro En el vértigo del día, retomó la cuestión al menos en dos oportunidades, en los poemas “Bananos podridos” I y II. De suerte que no sorprende que el tema aparezca de nuevo en “Omisión”, donde el poeta trata de explicar el porqué de su obsesión: Es comprensible que tu piel se ligue a la piel
de esas frutas que se pudren
¿Es la muerte que te llama?
¿qué pasa, poeta?
No quiero dejar la impresión de que el Ferreira
Gullar de los últimos años es un poeta obsesionado mórbidamente
con la muerte, o entregado a una especie de delirante necrofilia frutal.
Aunque he destacado la continuidad de ciertas líneas temáticas
que otorgan unidad al universo personal del poeta, eso no significa
que Ferreira se haya estancado o agotado su expresión alrededor
de un puñado de ideas fijas. Si algo caracteriza la obra de
este poeta, es justamente su dinamismo, su voluntad de renovarse,
de asumir el dominio de determinado registro expresivo para luego
saltar de ahí y emprender nuevos rumbos. Tal como lo declaró
a los editores de la revista Poesía siempre, desde los comienzos
de su carrera Ferreira se propuso –y lo consiguió- ser
consecuente con la sentencia del pintor Paul Gauguin: “Cuando
aprenda a pintar con la mano derecha, pasaré a pintar con la
izquierda, y cuando aprenda a pintar con la izquierda, pasaré
a pintar con los pies”. Es por ello que podemos hablar del Ferreira
sonetista de la primera parte de La lucha corporal, del Ferreira
iconoclasta, emparentado con el surrealismo, que escribió “Roçzeiral”
y Crimen en la flora, así como del Ferreira vanguardista
de la poesía concreta y el neoconcretismo, del poeta comprometido
de los romances de cordel y de Dentro de la noche veloz, del
poeta ecléctico, titánico, que llevó a cabo la
proeza del Poema sucio, y del Ferreira denso y decantado
de sus últimos libros. Mi pueblo y mi poema crecen juntos a finales de los noventa continúa diciendo: El mismo interés subsiste en poemas como “Subversiva”, “Espera”, “Una nordestina” y “Caída de Allende”. La pugna, el conflicto no cancelado entre el hombre público, participante, y el poeta volcado hacia dentro de sí, lo expresa Ferreira de la siguiente manera en el poema “Traducirse”: Una parte de mí Una parte de mí La perplejidad ante ese choque entre lo individual y lo colectivo, entre la solidaridad y la soledad, entre lo particular y lo universal; el pasmo ante esa mezcla ambigua y contradictoria que nos constituye está presente en la poesía escrita por Ferreira en estos últimos años y lo lleva a postular una especie de panteísmo en el que el poeta se siente haciendo parte de todo y hablando por todos. Es lo que podemos advertir en este par de fragmentos de los poemas “Extravío” y “Muchas voces”: ¿Dónde comienzo, dónde acabo,
Estoy disperso en las cosas, Estoy deshecho en las nubes: Mi poema estamos todos nosotros pero dice otra cosa y el mundo Más adelante, en “Falagens”, un
poema cuyo título podríamos traducir como “Decires”,
escrito en un tono muy semejante, se aborda la cuestión de
modo distinto. En este caso no se dice que es el poeta quien presta
su voz a las cosas, sino que las cosas, como un simple trapo, por
ejemplo, tienen manera de hablar por sí mismas: harapo porque habla la llama Son modos diferentes de abordar el mismo asunto.
Aproximaciones complementarias, no excluyentes, sino que, por el contrario,
representan variaciones que enriquecen nuestra comprensión
de esa compleja y diaria convivencia entre los seres humanos, los
signos y las cosas. Ferreira Gullar, quien sólo al comienzo
de su carrera, en los años cincuenta, había consentido
recurrir a la rima y la métrica tradicionales, en su último
libro, Muchas voces, como todo un maestro de la palabra, se permitió
escribir “No-cosa”, un poema en cuartetas perfectas, donde
recreó de manera extraordinaria lo esencial de su arte poética: Una fruta una flor No obstante, el poeta subvierte la sintaxis sin permitir, empero, Lo que el poeta hace Toda cosa tiene peso a no ser el resonar ----------------------------------------------- 2. Salvo que se señale lo contrario, todas las traducciones fueron hechas por el autor de la conferencia. 3. Ferreira Gullar, Todos te buscan, selección y traducciones al español de Mario Martínez Sobrino, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2004, pág. 23. 4. “Ferreira Gullar. Entrevista”, Revista Poesia sempre, ano 6, número 9, Rio de Janeiro, março 1998, pág. 387. 5. . Ferreira Gullar, Poema sucio, traducción de Elkin Obregón, Editorial Norma, Bogotá, 1998, pág. 61.
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