ES
MELANCOLIA
Te llamarás
silencio en adelante.
Y el sitio que ocupabas en el aire
se llamará melancolía.
Escribiré
en el vino rojo un nombre:
el tu nombre que estuvo junto a mi alma
sonriendo entre violetas.
Ahora miro
largamente, absorto,
esta mano que anduvo por tu rostro,
que sonó junto a ti.
Esta mano
lejana, de otro mundo,
que conoció una rosa y otra rosa,
y el tibio, el lento nácar.
Un día
iré a buscarme, iré a buscar
mi fantasma sediento entre los pinos
y la palabra amor.
Te llamaré
silencio en adelante.
Lo escribo con la mano que aquel día
iba contigo entre los pinos.
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SONETO
A TERESA
Teresa,
en cuya frente el cielo empieza,
como el aroma en la sien de la flor.
Teresa, la del suave desamor
y el arroyuelo azul en la cabeza.
Teresa,
en espiral de ligereza,
y uva, y rosa, y trigo surtidor;
tu cuerpo es todo el río del amor
que nunca acaba de pasar. Teresa.
Niña
por quien el día se levanta,
por quien la noche se levanta y canta,
en pie sobre los sueños, su canción.
Teresa,
en fin, por quien ausente vivo,
por quien con mano enamorada escribo,
por quien de nuevo existe el corazón.
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DOMINGO
Un domingo
sin ti, de ti perdido,
es como un túnel de paredes grises
donde voy alumbrado por tu nombre;
es una noche clara sin saberlo
o un lunes disfrazado de domingo;
es como un día azul sin tu permiso.
Llueve en este poema; tu lo sientes
con tu alma vecina del cristal;
llueve tu ausencia como un agua triste
y azul sobre mi frente desterrada.
He comprendido
cómo una palabra
pequeña, igual a un alfiler de luna
o un leve corazón de mariposa,
alzar puede murallas infinitas,
matar una mañana de repente,
evaporar azules y jardines,
tronchar un día como si fuera un lirio,
volver granos de sal a los luceros.
He comprendido
cómo una palabra
de la materia azul de las espadas
y con aguda vocación de espina,
puede estar en la luz como una herida
que nos duele en el centro de la vida.
Llueve en este poema, y el domingo
gira como un lejano carrusel;
tan cerca estás de mi que no te veo,
hecha de mis palabras y mi sueño.
Yo pienso
en ti detrás de la distancia,
con tu voz que me inventa los domingos
y la sonrisa como un vago pétalo
cayendo de tu rostro sobre mi alma.
Con su hoja
volando hacia la noche,
rayado de llovizna y desencanto,
este domingo sin tu visto bueno
llega como una carta equivocada.
La tarde,
niña, tiene esa tristeza
del aire donde hubo antes una rosa;
yo estoy aquí rodeado de tu ausencia
hecho de amor y solo como un hombre.
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EL
INSOMNE
A alguien
oí subir por la escalera.
Eran -altas- las tres de la mañana.
Callaban el rocío y la campana.
... Sólo el tenue crujir de la madera.
No eran
mis hijos. Mi hija no era.
Ni el son del tiempo en mi cabeza cana.
(Deliraba de estrellas la ventana)
Tampoco el paso que mi sangre espera...
Sonó
un reloj en la desierta casa.
Alguien dijo mi nombre y apellido.
Nombrado me sentí por vez primera.
No es de
ángl o amigo lo que pasa
en esa voz de acento conocido...
... A alguien sentí subir por la escalera...
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HAI-KAI
Quédate
así, quieta un instante:
para no espantar
la poesía que llevas
como un nimbo de pájaros.
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AZUL
DE TI
Pensar en
tí es azul, como ir vagando
por un bosque dorado al mediodía:
nacen jardines en el habla mía
y con mis nubes por tus sueños ando.
Nos une
y nos separa un aire blando,
una distancia de melancolía;
yo alzo los brazos de mi poesía,
azul de tí, dolido y esperando.
Es como
un horizonte de violines
o un tibio sufrimiento de jazmines
pensar en tí, de azul temperamento.
El mundo
se me vuelve cristalino,
y te miro, entre lámpara de trino,
azul domingo de mi pensamiento.
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SONETO
INSISTENTE
La cabeza
hermosísima caía
del lado de los sueños; el verano
era un jazmín sin bordes y en su mano
como un pañuelo azul flotaba el día.
Y su boca
de súbito caía
del lado de los besos; el verano
la tenía en la palma de la mano,
hecha de amor. Oh, qué melancolía.
A orillas
de este amor cruzaba un río;
sobre este amor una palmera era:
agua del tiempo y cielo de poesía.
Y el río
se llevó todo lo mío:
la mano y el verano y mi palmera
de poesía. Oh, qué melancolía.
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SONETO
CON UNA SALVEDAD
A Pedro
Laín
Todo está
bien: el verde en la pradera,
el aire con su silbo de diamante
y en el aire la rama dibujante
y por la luz arriba la palmera.
Todo está
bien: la frente que me espera,
el agua con su cielo caminante,
el rojo húmedo en la boca amante
y el viento de la patria en la bandera.
Bien que
sea entre sueños el infante,
que sea enero azul y que yo cante.
Bien la rosa en su claro palafrén.
Bien está
que se viva y que se muera.
El Sol, la Luna, la creación entera,
salvo mi corazón, todo está bien.
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EL
OLVIDADO
A Jorge
Gaitán Durán
Ahora tengo
sed y mi amante es el agua.
Vengo de lo lejano, de unos ojos oscuros.
Ahora soy del hondo reino de los dormidos;
allí me reconozco, me encuentro con mi alma.
La noche
a picotazos roe mi corazón,
y me bebe la sangre el sol de los dormidos;
ando muerto de sed y toco una campana
para llamar el agua delgada que me ama.
Yo soy el
olvidado. Quiero un ramo de agua;
quiero una fresca orilla de arena enternecida,
y esperar una flor, de nombre margarita,
para callar con ella apoyada en el pecho.
Nadie podrá
quitarme un beso, una mirada.
Ni aún la muerte podrá borrar este perfume.
Voy cubierto de sueños, y esta fosforescencia
que veis es el recuerdo del mar de los dormidos.
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TEMA
DE SUEÑO Y VIDA
Suéñame,
suéñame, entreabiertos labios.
Boca dormida, que sonríes, suéñame.
Sueño abajo, agua bella, miembros puros,
bajo la luna, delgadina, suéñame.
Despierta,
suéñame como respiras,
sin saberlo, olvidada, piel morena;
suéñame amor, amor, con el invierno
como una flor morada sobre el hombro.
Oh delgado
jardín cuya cintura
delgada yo he ceñido largamente;
oh llama de ojos negros, amor mío;
oh transcurso de agua entre los sueños.
Ya sé
que existo porque tú me sueñas.
Moriré de repente si me olvidas.
Tal vez me vean vivir en apariencia,
como la luz de las estrellas muertas.
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EL
DESDICHADO
No tenemos
sino este planeta
hermoso y triste.
No tenemos sino esta única vida
hermosa y triste.
No tenemos sino este corazón
que recorre un fantasma a veces transparente,
otras veces siniestro. Y esta punzada de la música.
Y este sorbo de vino soñador.
No tenemos sino esta pan terrestre,
infernal o celeste de amar y de esperar
o morir...
Yo no tenía sino una campana
que llama y llama ahora para nadie
y la llave que abría aquella hermosa puerta
que ya no existe.
No tenemos sino eso: es decir nada.
Mejor dicho: no tengo nada. Y punto.
Si tocas
las palabras anteriores
te quedará la mano ensangrentada.
24 de
diciembre
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SONETO
SENTIMENTAL
Eres el
cuámndo, el dónde y el porqué.
La respuesta final enardecida
a mi pregunta de toda la vida.
Lo que es, lo que será y lo que fue.
Si hacia
otro instante avanzo el pie,
si viajo a una ciudad entredormida,
si la súbita estrella aparecida:
eres el cuándo, el dónde y el porqué.
Si me llevo
la mano hacia la herida,
si ocupo este planeta y este día
y oye mi frente una palabra fiel,
si confundo
llegada y despedida,
si en mis venas el tiempo desvaría:
eres el cuándo, el dónde y el porqué.