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POEMAS GANADORES PREMIOS
NIETZSCHE ERA UN MARIACHI EN CHAPINERO, ACUÉRDESE
la poesía perdió prestigio cuando abandonó la casa de mi padre la casa de mi padre perdió a la poesía pero de hecho ganó en independencia fue entonces que se sublimizaron las metáforas atraídas por el olor que alimenta un ajo crudo y el poema pasó a ser su verdadero espacio (no la noche en esta sala de recibo) mi padre era un curador de insanos confundidos que lavaba su cabello con sábila licuada para que así renaciera un poco más en luna llena las materas de helechos eran paso de corte en el pasillo dando vuelta en la esquina cuando entraba el verano el sol hurtaba con malévolo placer las flores deshojadas de un patio despejado después llegaban lluvias en los octubres turbios en ráfagas de vientos que caían sobre las tejas blandas donde lenguas de gatos limpiaban excrementos de murciélago el agua resbalaba sin pausa en las cornisas se entraba en la casa ahora iluminada por patéticos rayos invisibles la poesía perdió prestigió cuando abandonó la habitación donde dormía mi padre incólume en su oficio de fabricar palabras sublevadas o al menos testimonios o mínimo arengas maltratadas la poesía abandonó el segundo piso de la casa de mi padre donde detrás de cada puerta se oficiaba un poema a mano alzada la casa perdió la poesía pero ganó en poemas menos raros pues mi padre escribía sobre teclados tristes entre fotos del siglo diecinueve que contemplaban impávidas los dedos de su cara por eso se secaron las cisternas de los baños quizás por estar un poco más que abandonadas o el piso resbalaba en los dedos de los pies sin los zapatos la poesía abandonó el estudio de la casa de mi padre donde él había vivido mutilado por textos trasnochados mientras expulsaba en sus humos asfixiados los habanos de cuba la casa perdió la poesía pero ganó el poema que es en verdad su verdadero espacio la poesía abandonó el cuarto de los huéspedes con sus malos placeres desolados donde nadie dormía por temor a morir al día siguiente después del chocolate la poesía dejó algunos nombres de ilustres personajes grabados en ese anónimo cielorraso envejecido que se cubría en el patio asediado por los perros la poesía abandonó la habitación de mis hermanos donde el odio era espuma sangrienta por la boca ellos no se dieron cuenta pues andaban cazando los ratones que huían del veneno amanzanado ingrávido en los estantes de la biblioteca la casa perdió la poesía pero ganó en volúmenes de ensayos metafísicos con un Nietzsche sonámbulo debajo de su sombra en medio de los libros abiertos en la herida (Nietzsche jamás durmió en aquella casa) la poesía abandonó la sala de recibo de la casa de mi padre donde había una escopeta con dos tiros vertida en las entrañas de un florero para que nadie escuchara tan de cerca la música asesina de los pianos de cola la casa perdió la poesía pero recuperó sin duda los sueños no dormidos y el tedio jorobado de mi padre hastiado de escribir porque el epíteto lo había convertido en un hombre cotidiano de modo que ya todo el mundo en esa casa era escritor de poemas sin poesía o era la poesía que no necesitaba del poema la poesía abandonó la esencia de la imagen que se traga la luz a través de la ventana donde se abrían los miedos después de medianoche la poesía abandonó la claraboya del pasillo un día en que no salió el sol y fue cuando mi padre empezó a perder la visita sin fiebres sintomáticas por tanta ropa sucia atrapada en los armarios fue entonces que el glaucoma se le rio en la cara acomodado en el anacrónico ropero la casa perdió la poesía pero aún así recuperó la luz de un nuevo día porque quizás la poesía no necesitaba del poema la poesía abandonó las camas empotradas de antiguos coitos genealógicos la casa perdió la poesía pero se creció en herencias que mantienen su riqueza en el poema la poesía abandono la casa de mi padre la noche en que yo nací con un trauma severo doliendo el omoplato como un putas la casa perdió la poesía y se quedó conmigo para que cada día entronice su desmedida ansia protagónica la casa perdió la poesía pero yo me quedé para siempre en el poema me quedé con el índice que revuelve este whisky de mi padre bohemio en mangas de camisa sin corbata yo me quedé con sus libros y su música con sus habitaciones con sus medias de lana su pipa y su pijama yo me quedé con su almohada donde noche tras noche anido mi cabeza y leo sin leer ese inmenso poema que es la casa para deletrear su nombre Poesía sólo para que ella se acueste a mi derecha me ame sin amor sin palabras de odio sin sueños criminales.
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